La presente nota introductoria propone los elementos de una problemática inicial sobre la relación entre globalización y culturas.
Se inscribe en la línea de las reflexiones que han llevado primero a la Francofonía y luego a la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP) y la Unión Latina a respaldar un Foro permanente sobre el pluralismo cultural cuya autonomía -que garantiza la credibilidad de los debates- han querido asegurar.
El Foro desea estimular el debate público entre todos los actores (poderes públicos, empresas, actores cívicos y sociales, especialistas) concernidos por los desafíos geoculturales, con el fin de actualizar la problemática de manera permanente y formular propuestas realistas que permitan responder a los desafíos de la globalización cultural.
Esta problemática general pretende brindar un marco coherente de reflexión y debate para el Foro y podría orientar la elección de los distintos temas que se inscribirán dentro de cada uno de los cinco grandes temas en torno a los cuales se estructura el debate. Además, servirá de referencia común a las notas que introducirán cada uno de los temas que se sometan a debate.
Globalización y culturas: Los desafíos geoculturales desde un enfoque geopolítico
La globalización es un proceso que supone la multiplicación, aceleración e intensificación de los intercambios (movimientos) económicos, financieros, técnicos y sociales a nivel mundial, aunque a ritmos y grados que pueden variar en función de las regiones. Además, posee una dimensión cultural que suele ser ignorada, ya que integra valores, ideas, modelos, modos de vida y visiones del mundo cuyas diferencias se vuelven más significativas en la medida en que se perciben de modo más claro y amplio. La globalización cultural cambia las representaciones del mundo. Como la realidad social es de naturaleza simbólica, no se sabría ignorar el alcance ni las consecuencias de una evolución de semejante envergadura.
La interrogante más importante y díficil que plantea la globalización no es aquella de saber cómo hacer negocios a nivel mundial -transmitida por el pensamiento liberal- sino la de cómo convivir a escala global con diferencias irreductibles, aunque constantemente reinventadas, que son principalmente de naturaleza cultural y que no se expresan -primera ni únicamente- a través de las realidades nacionales.
La cultura es un proceso permanente a través del cual se construyen significados tanto social como históricamente. Hoy en día, los valores, ideas y modelos más importantes se generan en la esfera mediática global. Frente a la "hipercultura globalizante" creada por los medios de comunicación globales, todas las culturas adquieren un carácter "secundario" y se ven reducidas a funciones "locales", cuyo valor disminuye frente al sueño-realidad presentado por los medios. Las sociedades cuyas culturas no llegan (principalmente por razones económicas) a expresarse como actores en la esfera mediática global corren el riesgo de verse sometidas a la ley del darwinismo cultural, lo que plantea un grave problema de seguridad cultural. Por una parte, porque se pone en juego la capacidad de dichas sociedades de conservar su identidad y cohesión social frente a los valores y modelos consumistas transmitidos por los medios de comunicación globales y, por otra, porque las sociedades cuya cultura domina los medios pueden ser incapaces de comprender y aceptar el mundo en su diversidad.
¿De qué depende el poder en la esfera global? Menos de la fuerza de armas incapaces de imponer orden que de la capacidad de producir y difundir símbolos a través de los medios de comunicación globales que son los principales vectores de la globalización cultural. El universo simbólico -y, por ende, cultural- se ha convertido en el desafío de las rivalidades de poder más decisivas, que ya no dependen del territorio. Los factores culturales son elementos clave de poder y poseen una dimensión estratégica fundamental. Para tratarlos desde un punto de vista distinto al de la ignorancia o la perspectiva de los "choques de civilizaciones", se les debe abordar como desafíos geoculturales, en las mismas condiciones que los desafíos de seguridad (desafíos geopolíticos) y de poder económico (desafíos geoeconómicos).
Al imponer su autoridad exclusiva en un territorio, el Estado generó una revolución en el pasado. Los desafíos que plantea la globalización representan una transformación no menos decisiva. La globalización no es una fatalidad, sino un proceso resultante de decisiones humanas que debe ser dominado por vía política con la participación de todos los actores involucrados.
Una de las dificultades que se pueden presentar para alcanzar dicho objetivo depende del hecho de que tanto el pensamiento político como la actividad política siguen refiriéndose exclusivamente al Estado-Nación como actor central, e incluso único, del ámbito político. Ello nos lleva a deplorar su decadencia y adoptar una actitud defensiva frente a la globalización, condenándonos así a no poder abordar de manera eficaz las cuestiones globales, que son carácter extranacional por naturaleza. Nos encerramos así en la paradoja: por una parte, se promueve la apertura que favorece el intercambio económico, mientras que, por otra, se recurre a políticas nacionales que sólo pueden manejar las consecuencias sociales de la globalización y que son abiertamente incapaces de dominar dicho proceso. No reaccionar ante esta situación supondría dejar que los más fuertes -especialmente los actores globales que son los grandes grupos capaces de actuar a nivel mundial- impusieran las soluciones que convienen a sus intereses y a descalificar lo político, cuyo deber, logros reales e incapacidad de resolver los problemas globales a nivel nacional el público conoce mejor de lo que se pretende creer. Los Estados, que se dedican principalmente a defender lo que queda de su poder e intereses, no pueden resolver solos estas cuestiones globales. Participarán en las iniciativas destinadas a responder a los desafíos planteados por la globalización si se les insta a hacerlo a través de una movilización que nazca de la toma de conciencia sobre los riesgos que supone un proceso global mal manejado. Paradójicamente, hoy de día ninguna organización es responsable de los desafíos globales.
A guisa de ejemplo, ¿se puede considerar que los esfuerzos desplegados en defensa de la "diversidad cultural" permiten dominar la globalización cultural? El proyecto de Convención previsto bajo el auspicio de la UNESCO tiene como objeto garantizar el derecho de los Estados a adoptar políticas culturales nacionales fuera del alcance de los compromisos de liberalización de intercambios suscritos en la OMC. De esta manera, se postula la coincidencia (y la subordinación) entre identidad cultural y Estado-Nación, sin considerar el hecho de que las entidades geoculturales (la Francofonía, Iberoamérica y el mundo de habla árabe o germana, por ejemplo) no son necesariamente Estados-Naciones: los espacios culturales, económicos y políticos ya han dejado de coincidir. ¿Reconocerá este proyecto el papel de los espacios geoculturales? Permitirá definir las obligaciones específicas de los medios de comunicación globales en su calidad de actores geoculturales? ¿Conllevará la adopción de medidas que permitan el desarrollo de intercambios culturales en condiciones de reciprocidad mínima? La "excepción cultural" y la "diversidad cultural" son dos etapas útiles y necesarias en la toma de conciencia y la movilización en torno a los factores culturales. Es necesario ir más allá y convertir al pluralismo cultural mundial en un proyecto político capaz de dominar la globalización cultural.
Para dominar el proceso de globalización en todas sus dimensiones - política , económica, social y cultural - es necesario, desde luego, adaptar las políticas nacionales y el sistema internacional. Sin embargo, sólo mediante un enfoque geopolítico se podrá abordar de manera eficaz los problemas globales, que son extranacionales por naturaleza.
¿Qué fuerzas son capaces de impulsar semejante movimiento? Los cambios importantes siempre nacen bajo el imperio de la necesidad. Como en el caso de los derechos humanos, el medio ambiente, la seguridad alimentaria o las epidemias; la percepción de la naturaleza y la importancia de los desafíos globales, de las consecuencias de la omisión política y de la ausencia de responsabilidad real sobre estas cuestiones fundamentales, pueden llevarnos a definir y hacer aceptar los objetivos que corresponden a los desafíos y obligar a los actores globales a asumir sus responsabilidades y respetar las exigencias de los mismos. Esta toma de conciencia sólo puede adquirir carácter político a través de un triple proceso que incluya una reflexión renovada sobre estos desafíos, el inicio de debates públicos transnacionales y transculturales y la formulación de propuestas realistas a través de un proceso de concertación que permitirá definir las condiciones necesarias para convivir a escala mundial. Y ello con una condición ineludible para todos: aceptar al Otro en su diferencia y tratar de ponerse en su lugar, lo que supone, especialmente para los medios de comunicación globales, una exigencia de servicio público que consiste en ceder la palabra al Otro y permitir que sea visible.
Para iniciar este proceso y dar lugar a un enfoque geopolítico que permitirá conseguir los medios para dominar la globalización, el Foro permanente sobre el pluralismo cultural insta a los distintos partipantes -poderes públicos, empresas, actores cívicos y sociales, especialistas- a debatir públicamente estos desafíos en internet y en el marco de reuniones internacionales.
Ya se ha abierto el debate sobre los distintos aspectos de los desafíos culturales con el objetivo de aclarar la problemática y de formular y discutir propuestas, como la hipótesis de una nueva instancia política, abierta a todos las partes involucradas, que podría adoptar la forma de un Consejo mundial de culturas destinado a preparar y supervisar la instauración de un régimen adaptado a las exigencias de los intercambios culturales, garantizar el pluralismo cultural mundial y permitir a los espacios geoculturales cumplir el papel que les corresponde en el proceso de globalización.
traduit du français par Erika Mongrut, révisé par F. Zumbiehl
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