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Miradas islámicas sobre la mundialización

 por Prof. Louis BAECK      

La aparición de múltiples modernidades no occidentales

Las configuraciones geopolíticas del mundo que se suceden producen cada una un discurso dominante. Durante el período de la rivalidad ideológica entre las dos superpotencias, era la elección entre occidentalización o, por el contrario sovietización, con un Tercer Mundo recalcitrante. Desde la implosión del imperio soviético y la entrada de China en el mercado internacional, son las culturas y religiones "asertivas" las que se encuentran en la tormenta. La presión de uniformación planetaria ejercida por la única superpotencia y el discurso dominante sobre la mundialización neoliberal, produce las contracorrientes identitarias. En las grandes áreas culturales del mundo - China, la India, África y las tierras del Islam - se manifiesta oposición a la presión uniformizante, en favor del derecho a la autenticidad y a la diferencia. El ejemplo más sorprendente es China, un coloso de 1.3 mil millones de habitantes, que ha alcanzado durante los últimos veinte años el índice de crecimiento más elevado del mundo con una estrategia de apertura, modernización e internacionalización que se aparta considerablemente del modelo occidental. El Gobierno supuestamente socialista, controlando completamente el proyecto, practica la colaboración entre un estado autoritario de un partido único con una red de firmas multinacionales que aportan inversiones abundantes y tecnología. Con sus exportaciones a bajo costo y el enorme excedente de su balanza comercial y financiera con los Estados Unidos, China ya se perfila como una locomotora determinante de la economía mundial. En la India la estrategia orientada hacia la creación de nichos de tecnología sofisticada es más autónoma. Y su modernización es más democrática que la China, de acuerdo con su ingeniería de síntesis de país multicultural. En Malasia se asocia un Islam nueva ola y mantiene un dinamismo económico notable. Desde la década de 1990, múltiples trayectorias de modernización no occidental surgen, incluso en América Latina, y el método posmodernista se llama orgullosamente modernidad periférica. Las tematizaciones, como las publicaciones sobre las distintas orientaciones posibles, se hacen cada vez más animadas en los coloquios a través del mundo en este sentido. Desde finales de la década de 1990, en el mundo musulmán, se desarrollan seminarios y coloquios en Beirut, El Cairo, Damasco, Rabat, Lahore y Kuala Lumpur, sobre los temas de la mundialización y la gobernación mundial. Las múltiples redes de Internet han dinamizado los contactos transnacionales y operan al mismo tiempo como catalizadores de ruptura del aislamiento en medios cerrados o que han vivido hasta recientemente en separación étnica, cultural y religiosa. La red Internet de la rúbrica "islam liberal" conduce al investigador interesado hacia unos cuarenta sitios de intelectuales musulmanes de notoriedad internacional.

En la perspectiva de los comentaristas neoconservadores o fundamentalistas en Occidente y que son al mismo tiempo teóricos influyentes del discurso dominante, estas múltiples asunciones con afirmación identitaria, conducirán inevitablemente a un choque civilizaciones. A partir de una óptica hegemónica, los publicistas occidentales evalúan las políticas y prácticas de otras civilizaciones sobre la base de principios y de ideales que por el momento solo están de boga en casa. Según este método, las culturas no occidentales son juzgadas según criterios que no son los suyos. Quisiéramos aquí, ponernos a la escucha de los intelectuales musulmanes, más concretamente sobre el tema el desafío que representa para ellos la mundialización. A pesar de las diferencias notorias entre fundamentalistas, liberales e innovadores, la mirada que dan hacia nuestras prácticas en cuanto a gobernación mundial es crítica. Desde su óptica, nuestros principios no son universales y sobre todo no son convincentes. Ya que, algunos de nuestros ideales más valiosos son en la práctica ridiculizados y pierden su credibilidad debido a nuestro comportamiento neocolonialista.

Para abrir la vía al diálogo intercultural, será necesario someter al libre examen no sólo el pensamiento y los prejuicios de los otros, sino también los nuestros, dando a todos aquellos que los contradicen pruebas de dónde provienen. Dialogar quiere decir: analizar la temática los dos escuchando al Otro.

La trayectoria histórica del islam

Del siglo ocho al siglo quince, el Islam animaba culturas y pueblos dominantes que fueron sucediéndose en el área mediterránea: Árabes, Persas e invasores que venían de Asia, como los Turcos y Mongoles. Durante este período, la cultura islámica desplegaba su esplendor y era hegemónica en la cuenca mediterránea hasta España. Sus sabios transmitieron al Occidente : la filosofía griega, las matemáticas, los principios de la ciencia médica, y numerosas técnicas de la irrigación, de la agricultura y la arquitectura. Estas transferencias aceleraron nuestro despegue a partir de los siglos XXI y XII. A continuación fue la decadencia. Uno de los grandes maestros magrebíes, Ibn Khaldoun (1332-1406) teorizó las causas de la decadencia en su obra histórica Muqadimmah. Más tarde el estancamiento, tanto en el ámbito material, como en la esfera intelectual, se alcanza por una colonización política redoblada de la modernización sufrida de mala gracia. El movimiento de reforma (nahda) de finales del XIX no mantuvo sus promesas debido al hecho de que era un impulso que no recibía el apoyo de las masas que permanecían arraigadas a la tradición. La descolonización dotó al mundo islámico con sus Gobiernos propios más o menos autoritarios. Actualmente, el mundo cuenta con 1.3 mil millones de musulmanes dispersos en unos cincuenta estados-nación. El choque petrolero de la OPEC marcó una primera ruptura. Y la revolución iraní del Ayatollah formó la base donde la religión y la cultura prevalecen sobre la secularización y los modelos importados. Tras los pasos de esta revolución espiritual y política, el mundo musulmán fue vivificado por un movimiento de despertar cultural y resurgir religioso: al sahwa al islamiyya. En el extenso mundo islámico con sus diversidades (Árabe, Asiático, Africano y diásporas con numerosos intelectuales musulmanes y profesores universitarios), es imposible hacer justicia a la dinámica compleja que anima estas áreas culturales con sus escuelas de fiqh y de teología divergentes. Los animadores de un Islam cultural (al islam hadari) son ahora más influyentes que los protagonistas de un estado islámico. A pesar del enorme esfuerzo financiero que apoya el integrismo wahabita de los Saudíes, los liberales y los innovadores ganan terreno en la mayoría de los contextos. No obstante, los fundamentalistas recibieron un regalo del cielo con la invasión y la ocupación de la Eurasia petrolera por el ejército americano con el apoyo de fuerzas de ocupación occidentales. Los musulmanes simpatizantes con la cultura occidental no han sido favorecidos.

Inclusive los simpatizantes desaprueban la democracia impuesta militarmente por el extranjero como un supositorio. La occidentalización forzada choca con el nacionalismo y el orgullo nacional y por lo tanto funciona como un contraceptivo.

Los debates sobre la mundialización siguen a los debates anteriores de la modernización, pero se orientan aún más sobre la dimensión geopolítica y las estrategias de desarrollo económico.

El debate culturalista y religioso

Un gran número de musulmanes ven la mundialización (al aulama) como un neologismo elegante que oculta la realidad, ya que para ellos se trata en realidad de una palanca potente de occidentalización (al taghrib). Los occidentalizantes lo desean y lo acogen como un giro hacia la modernidad. Los fundamentalistas diabolizan la mundialización como una invasión, o incluso una violación cultural. Alegan que la industria de masas occidental (arte pop, cine, televisión y demás media, el consumismo, Mc World, etc) seduce al tiempo que pervierte las costumbres. La secularización que el Occidente presenta como emancipadora destruye la jerarquía canónica de los valores donde la moral religiosa regula el funcionamiento de la sociedad, la economía y la política. La secularización se percibe como una palanca para evacuar la religión de la esfera pública. Su racionalidad puramente instrumental vacia la vida de su sentido profundo. En Occidente, la demistificación o la desacralización condujo a la descristianización. Las iglesias se vacian. No hay más el principio arquitectónico de orientación para los valores fundamentales de la vida. La cultura se comercializa y las costumbres (como la moral económica) se disuelven. Al leer los textos fundamentalistas, el lector informado tiene a veces la impresión de oír al gran maestro de la racionalización occidental, Max Weber, contra la modernidad : el desencanto del mundo, la pérdida de sentido por la secularización.

Por el contrario, los liberales e innovadores destacan la obsesión de los integristas por los modelos del pasado. Ciertamente, la herencia cultural es un valor, pero no puede funcionar como un obstáculo en el presente. Todas las culturas tienen una dinámica que comprende préstamos y contribuciones exteriores. El Islam no puede paralizarse glorificando en exceso los valores del pasado. Cada cultura, como cada religión, apareció en el mundo en un período histórico y en un contexto cultural particular. Pues dicen los innovadores, nuestra cultura como nuestra religión debe evolucionar con el fin de poder servir de sujeción existencial para el fiel que desea progresar en su marcha histórica. Según los nuevos pensadores, no solamente el Islam debe situarse en la historia, también la cultura occidental que se declara universal. La evolución del Occidente, su secularización y sobre todo su economismo (la prioridad que se da al desarrollo material) deben situarse en el marco de su curso histórico particular. Percibido como producto particular de la historia, el Occidente se descartó de los modelos más afianzados en la tradición humana de larga duración. La excepción ha sido él y no es pues universal. Nuestros posmodernistas (Lyotard, Derrida, Foucault) también han roto el mito del universalismo de los ismos de la modernidad afirmando la diferencia, la particularidad y lo endógeno.

La renovación musulmana tiende pues a sustituir los modelos importados con producciones intelectuales propias, sobre todo en las ciencias humanas. En los grandes centros intelectuales, se reformula en términos actualizados la economía, la sociología y la ciencia política sobre la base del sistema islámico. Ya que el paso a la modernidad occidental se basa en la crítica del conocimiento tradicional y la evacuación de la moral religiosa. Es decir, que esta forma de secularización significa la autonomización de las esferas de conocimiento y vida que reivindican su propia esfera de validez y funcionamiento. En esta evolución la política, lo social y lo económico se emancipan de la moral religiosa que antes los controlaba. Sin regulación arquitectónica, el conflicto entre estas esferas de valores es insoluble, dicen incluso los musulmanes innovadores.

Pero un grupo de nuevos pensadores de notoriedad internacional abogan por una religión que no siga siendo víctima de la jurisprudencia (fiqh). Debe abrir las puertas del debate hermenéutico (ijtihad) con el fin de poner de acuerdo los fundamentos espirituales de la religión, su valor existencial y su vocación por el futuro del umma. Una religión que se mezcla constantemente con el tumulto y las variaciones de las opciones políticas diarias, se convierte en una ideología y pierde su sustancia transcendental. Estos intensos y profundos análisis de los temas ilustran bien la creatividad cultural y el recurso teológico que se afirma en el debate sobre la mundialización. El mundo musulmán experimenta muy vivamente la militarización de las relaciones internacionales de las cuales es víctima en algunos núcleos de su esplendor histórico. Declara abiertamente que no es el deseo de democratizar y desarrollar lo que empuja el proceso de la mundialización, sino que es el proyecto de gobernación guiado por el interés material lo que se revela. El mundo musulmán experimenta muy vivamente la herida de ser beduinizado por el Occidente que no escatima su arrogancia.

Análisis económico de la geopolítica

Desde la óptica de los publicistas a la tendencia económica, la geopolítica de la seguridad es un proyecto imaginado y dirigido por el Occidente para garantizar su aprovisionamiento de materias primas vitales (como el petróleo) y para asegurar la capacidad de atraer los ahorros mundiales hacia los mercados financieros del Occidente. Wall Street es el epicentro del reciclaje de los ahorros del mundo entero para financiar el déficit duradero de la balanza comercial y los fondos públicos americanos. Con el fin de poder controlar el valor del dólar y en consecuencia del comercio mundial, es vital controlar las reservas de petróleo de las que los competidores (Japoneses, Chinos, Europeos) dependen también aún más. La gobernación mundial produce un pensamiento y una estrategia de desarrollo que corresponde a las necesidades del Occidente tomado globalmente, por lo tanto también de Europa. La elaboración de estas estrategias de desarrollo se delega al staff y demás think tanks asociados a las instituciones del poder económico como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Para permitirles imponer su disciplina (castigar a los recalcitrantes por el maltusianismo de créditos y favorecer aquellos que se pliegan al ajuste estructural) sus medios financieros y su poder de intervención se han vuelto muy considerados. En mis investigaciones sobre la trayectoria china, pude leer los mismos análisis críticos. En China, estos cuestionamientos sobre la gobernación mundial son formuladas por los intelectuales de la nueva izquierda y los militantes del nacionalismo cultural (véase el análisis de Wang Hui, 20O3: de Liu Kang, 2004 y de Zheng Yongnian, 2004).

Por el contrario, la crítica del consumismo está más ausente en el debate chino, estando muy presente en las publicaciones musulmanas que preconizan una actitud reservada en cuanto a consumo. Desde el punto de vista planetario, el modelo occidental de consumo es una falsa utopía, ya que es imposible aplicarlo a 6.5 mil millones de habitantes. Sería la explosión ecológica. Para los innovadores, el desarrollo es un proyecto de civilización. Sus escritos impregnados de principios de la ética social sostienen la tesis de un desarrollo armonioso. Siguiendo este enfoque se encuentran con los reformadores occidentales, autores de la India como Amartya Sen, y también los inspiradores de la escuela de Kioto, en particular, Yasusuke Murakami. Una comparación de las trayectorias asiáticas e islámicas es tanto más enriquecedora cuanto que el Islam de Malasia está entre los que más moderniza y ha cooperado grandemente en el éxito económico de este país. Eso es debido, en parte, a Mohamed Mahathir, quien fue durante 22 años (1981-2003) su brillante Primer Ministro. Ferviente musulmán, supo encaminar a los jefes islámicos en el marco doctrinal de su estrategia de desarrollo. Algunos innovadores del mundo árabe, como Hassan Hanafi, citan el Islam modernizado de Malasia como un modelo.

Conclusión

A pesar de la presión ejercida por la gobernación mundial, una contracorriente portadora de trayectorias de modernización no occidental se manifiesta en lo adelante sin complejo. Con el fin de comprender bien estos enfoques y su futuro, la lectura y el análisis de los escritos de sus intelectuales y publicistas son buenas vías para abrir perspectivas del interior. Sin ver las controversias y las tendencias de fondo percibidas del interior, la comprensión me parece ilusoria y seguirá siendo problemática. Se acusa a los analistas de nuestra parte del mundo de incesto intelectual, es decir, de no leer más que a otros intelectuales occidentales. Y de ignorar o descuidar a los autores autóctonos, incluso sobre el tema de la mundialización. Ahora bien, este debate, para que sea realmente un diálogo a varias voces sobre los asuntos y el futuro del mundo, no debe omitir, sino incluir la mirada de los otros.

(traducido del francés por Emilio Morán)

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