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 La UNESCO da el primer paso hacia
 una convención internacional sobre la diversidad cultural

 Jean MUSITELLI      

Ex embajador de Francia ante la Unesco. Miembro del grupo de expertos internacionales que fue constituído por el Director General de la Unesco con el fin de preparar el anteproyecto de Convención sobre la Diversidad Cultural.

1.- La cultura vuelve a casa

La 32a Conferencia General de la UNESCO, reunida en sesión plenaria el 17 de octubre de 2003, adoptó por unanimidad una Resolución en la que decide que la diversidad cultural debe ser objeto de una convención internacional y otorga autoridad a su Director General para presentar en la próxima sesión, prevista para 2005, un anteproyecto de convención sobre la protección de la diversidad de contenidos culturales y expresiones artísticas.

Con esta decisión, se da un paso decisivo hacia el reconocimiento institucional de la diversidad cultural. Por primera vez, la comunidad internacional se compromete a legislar específicamente en un ámbito que, hasta entonces, era una especie de anexo de las negociaciones comerciales. El debate que se inicia deberá responder a las interrogantes que resumía en estos términos el Ministro francés de Cultura ante la Conferencia General: "¿Cómo se puede dar, a nivel internacional, una base jurídica indiscutible a las acciones de los Estados y grupos de Estados destinadas a apoyar la protección, producción y difusión de bienes culturales? ¿Cómo evitar que un vacío jurídico devuelva estas interrogantes a las reglas ordinarias del mercado único? "

Estas interrogantes se tratarán por primera vez donde corresponde hacerlo y ya no en instancias económicas y comerciales -donde se consideraba a la cultura como un pariente pobre, aunque en su entorno natural- como ocurrió en la década de los noventa. En efecto, la UNESCO es la única institución que posee tanto la legitimidad (en su calidad de organización de las Naciones Unidas responsable de la cultura), como la universalidad (necesaria para garantizar la eficacia del texto que se adoptará) y la competencia (basada en el hecho de haber elaborado y puesto en ejecución cinco convenciones en materia cultural y -específicamente sobre la diversidad cultural- la Declaración Universal de 2001) necesarias para ser el foro de debate más adecuado.

2.- Culminación de un proceso pragmático y evolutivo

Este resultado -que se esperaba alcanzar, pero que no llegó antes de tiempo- no es fruto de la casualidad. Corona un esfuerzo tenaz y persistente, iniciado tanto en la UNESCO como fuera de dicha organización, inmediatamente después de que fracasaran las negociaciones sobre el AMI en la OCDE. Los principales hitos en este proceso fueron sucesivamente la Conferencia de Estocolmo sobre Políticas Culturales, celebrada en abril de 1998, la creación de la Red Internacional de Políticas Culturales (RIPC), la mesa redonda de Ministros de Cultura realizada en el marco de la 31a Conferencia General de la UNESCO en 1999, la declaración de los Ministros de Cultura de la Francofonía en Cotonú en junio de 2001, la elaboración y adopción de la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural en noviembre de 2001 y la propuesta efectuada por el Presidente francés Jacques Chirac en la Cumbre de Johannesburgo sobre el Desarrollo Sostenible para que la diversidad cultural fuera objeto de una convención internacional en el marco de la UNESCO. Cada una de estas iniciativas constituyó un avance en términos de método y doctrina y convirtió gradualmente un asunto vago y controvertido -como era hasta hace cinco años la diversidad cultural- en uno de los temas centrales del debate internacional. En el proceso pragmático y gradual que iniciamos para llegar a este resultado, siempre hemos velado por construir paralelamente el concepto y el equilibrio de poder y hacerlos avanzar al mismo ritmo.

Ha sido necesario convencer a los escépticos, desarmar a los opositores y persuadir a la misma UNESCO, que estuvo mucho tiempo indecisa sobre este tema, de lanzarse al ruedo y optar por este delicado ejercicio. No puedo olvidar que hasta hace algunos meses muchos dudaban de la capacidad y la voluntad de la UNESCO de aventurarse en este ámbito y sugerían iniciar las negociaciones en un improbable foro ad hoc. Sin embargo, siempre pensamos que antes de dejar de creer en esa institución había que trabajar para devolverle su carácter central. La decisión tomada nos reconforta y refuerza nuestra convicción de que ése es el único lugar donde esta batalla se debe librar y se puede ganar. Sobre todo si al mismo tiempo queremos fortalecer el sistema de Naciones Unidas y no trabajar para su desarticulación. Sin embargo, este esfuerzo no impide que los círculos de reflexión y sensibilización que se movilizaron fuera de la UNESCO prosigan su iniciativa. Pienso especialmente en la RIPC y en la Organización Internacional de la Francofonía que desempeñaron un papel fundamental como laboratorio de ideas, conciliador de fuerzas y centro de influencia y que deben más que nunca persistir en sus esfuerzos.

3.- Inútil tentativa americana de frenar el proceso

En las semanas previas a la Conferencia General, la incertidumbre sobre la actitud que adoptaría Estados Unidos alimentó serios temores. ¿Su regreso a la UNESCO no haría abortar un proyecto adoptado en su ausencia y que era fácil imaginar que no le inspiraba simpatía espontánea?. Pero no fue así. Se puede incluso afirmar, a manera de hipótesis, que la actitud decididamente hostil que mostraron de entrada los representantes americanos (declarando, antes de cualquier debate, que la convención era una "mala idea") tuvo mucho que ver con que se materializara la voluntad de los partidarios de la convención y los incitó a expresarse enérgicamente. Tras afirmar ser partidario de la diversidad cultural a nivel nacional e internacional, Estados Unidos, a través de su delegado, cuestionó la idoneidad de un instrumento jurídico como el propuesto y señaló la insuficiencia de su preparación. Se mostró preocupado por el riesgo de que dicha convención limite la libertad de circulación de ideas por medio de la palabra y de la imagen -citando la Constitución de la UNESCO-, que perjudique los derechos humanos y entre en contradicción con otros instrumentos internacionales existentes.

Al optar por dramatizar la situación, asumiendo que los partidarios de la convención tenían segundas intenciones liberticidas y proteccionistas y mostrando que ignoraba el trabajo realizado estos últimos años y el espíritu de apertura que lo había precedido, Estados Unidos tenía pocas posibilidades de convencer a los indecisos. Tuvo que reconocer que una amplia mayoría estaba a favor del proyecto, descartar una propuesta alternativa que hubiese desvirtuado el esfuerzo emprendido hasta el momento y unirse de mala gana al consenso.

4.- Constitución de una coalición internacional a favor de la diversidad cultural

Además del resultado obtenido, la manera en que se logró es de buen augurio para la evolución del debate. El debate que se llevó a cabo en la Comisión de Cultura confirmó claramente que ya existía en la UNESCO una verdadera dinámica a favor de la creación de un dispositivo de protección y promoción de la diversidad cultural. De los 81 representantes de los Estados miembros que tomaron la palabra durante el debate, 75 aprobaron sin reservas el proyecto de Resolución presentado por el Director General. Sin embargo, este número no refleja la amplitud de la adhesión ya que el grupo de los 77, que reúne a los 134 países en desarrollo, se pronunció colectivamente a favor del proyecto. En otras palabras, el consenso trascendió los círculos tradicionalmente más activos -como los países miembros de la RIPC y la Francofonía- para incluir a países grandes (y pequeños) del Hemisferio Sur (India, China, Corea, Argelia, Brasil, Argentina y México), de Europa Central y Oriental (Polonia, Rusia y República Checa), así como muchos países de lengua inglesa (Nueva Zelanda y Nigeria). La mayoría de los participantes manifestó clara conciencia de lo que estaba en juego, además de inquietud, fuerte determinación y una argumentación coherente, lo que muestra hasta qué punto las ideas han evolucionado. El pacto a favor de la diversidad cultural aparece ahora bien afianzado a un diagnóstico compartido y un corpus de valores comunes: rechazo a la hegemonía, a la normalización, a la globalización-uniformización y a la división entre cultura y entretenimiento, denuncia de la desigualdad de los intercambios y de los derivados del "todo comercial" y necesidad de lograr una buena articulación entre las normas existentes. En cuanto al pequeño grupo de opositores al proyecto, fue sorprendente constatar la moderación que mostraron al expresar sus reservas y su preocupación por no generar discrepancias irreversibles en esta fase del proceso.

5.- Una obra técnicamente compleja y políticamente sensible

Las negociaciones sobre el contenido de la convención se iniciarán así en un nuevo clima, caracterizado por un equilibrio de poder claramente favorable, un verdadero consenso sobre los objetivos y una firme voluntad de obtener a partir de 2005 un texto con fuerza jurídica vinculante. Sin duda alguna, se trata de un buen punto de partida: el mejor que se podía esperar. No obstante, la buena noticia anunciada por la decisión del 17 de octubre no debe empañar la delicadeza del proceso que recién comienza, ni ocultar los escollos y maniobras de todo tipo (políticos, técnicos y jurídicos) que pueden desviar el proyecto de sus objetivos legítimos o hacer que se estanque.

Resulta imperativo aclarar los objetivos del proyecto y es probable que el Director General de la UNESCO -que escuchó el mensaje transmitido por los participantes- quiera hacerlo sin demora. Será necesario seguir luchando contra todas las críticas infundadas que penden contra el proyecto de convención y repetir incansablemente -con argumentos en mano- que no va dirigido contra nadie -ni contra Estados Unidos, ni contra la OMC-, que carece de objetivos proteccionistas o maltusianos, que lejos ser una iniciativa inútil debe generar beneficios para todos, aunque algunos -los menos favorecidos- tengan derecho a esperar más que quienes ya cuentan con mucho. Además, se tendrá que explicar sin descanso que el desarrollo de intercambios culturales favorables para todos no es obstaculizado por la existencia de políticas públicas de apoyo a la creación cultural, sino por la estructuración oligopólica de un mercado que orienta la producción en un solo sentido, desde una fuente única hacia una multitud de consumidores. Será necesario recordar que los Estados que cuentan con políticas de apoyo al sector cultural son también, muy a menudo, los que se muestran más abiertos a otras culturas y han establecido políticas de cooperación más eficaces.

Las modalidades técnicas del debate no deberán ocultar el carácter generoso y ambicioso del objetivo perseguido. Generoso, ya que trata de dar una oportunidad a cada cultura, distinguiendo -más allá de la idea abstracta que encierra esa palabra - el ferviente deseo de los creadores de todas las latitudes de expresarse libremente e ir al encuentro de su público y el ferviente deseo del público de acceder a su cultura y a las culturas del mundo. Ambicioso, ya que trata de construir colectivamente un nuevo marco normativo que permita organizar los intercambios culturales internacionales según los principios de equidad, apertura, equilibrio, transparencia y reciprocidad, con el fin de contener la creciente tendencia a uniformizar las obras, a establecer intercambios desiguales, a concentrar la producción y a que un puñado de "grandes" domine el mercado de la cultura (si podemos aún hablar de mercado) y superar -citando al Presidente beninés de la Comisión de Cultura- la dicotomía entre "culturas de pleno derecho y culturas totalmente aisladas".

Será necesario identificar los mecanismos jurídicos que permitan incluir en el derecho positivo las posiciones de principio que obtuvieron una primera forma de reconocimiento político en la Declaración Universal. ¿Cómo pasar de la excepción a la regla, de un régimen derogatorio -y, en consecuencia, precario y revocable por definición- a un régimen jurídicamente garantizado que dé a una norma cultural el mismo grado de legitimidad que a una norma comercial? ¿Cómo articular esta nueva norma con el ordenamiento jurídico existente? ¿Qué tipo de concertación se debe instaurar entre la UNESCO y la OMC sobre la manera de tratar en el ámbito cultural y comercial un tema que se sitúa en la intersección de ambos y que requiere una articulación imaginativa y constructiva? ¿De qué mecanismos jurisdiccionales se debe dotar a la convención para garantizar su ejecución eficaz?

6.- Hacia un debate polifónico y transparente

Ni que decir que el objetivo esbozado sólo podrá alcanzarse si se cumplen varias condiciones, que dependen tanto del comportamiento de los participantes como de las técnicas de negociación aplicadas.

Es imprescindible consolidar el amplio frente que se constituyó con motivo de la Conferencia General y ello supone enviar mensajes claros a los países en desarrollo. Meditemos sobre la lección de Cancún. No habrá diversidad cultural que valga si no se refuerza la solidaridad internacional a favor del desarrollo de industrias culturales viables a nivel local y la mejora en la distribución de obras procedentes de los países pobres a nivel mundial. Los países ricos deben mostrar su voluntad de establecer mecanismos de cooperación concretos. Sobran ejemplos que pueden servir de referencia (Fond Sud Cinéma o Afrique en créations, por citar sólo dos iniciativas francesas de apoyo a la diversidad cultural en países en desarrollo). El debate debe ser lo más polifónico posible, no reducirse a un regateo entre potencias culturales ávidas de distribuirse partes de mercado y tener en cuenta las voces más frágiles: las de las culturas y lenguas amenazadas de desaparición.

En segundo lugar, es importante aclarar el sentido del trabajo inevitablemente técnico y jurídico que se llevará a cabo en la UNESCO con elementos de contexto estratégico que le den un significado pleno y un alcance dinámico. El reconocimiento y la garantía de la diversidad cultural es un objetivo en sí mismo y también un componente activo del desarrollo sostenible, al igual que la salud, la educación o la conservación del medio ambiente. Además, es una manera de avanzar hacia formas de legislación mundial que se opongan a las políticas arbitrarias, permisivas y que giran en torno a hechos consumados. Por último, representa un paso hacia la creación de bienes públicos mundiales que reúnan, desde una perspectiva transnacional, a fuerzas públicas y privadas, que se unan contra la lógica de apropiación privada y de merchandising de lo que queda del espacio público.

Por último, es esencial que el debate se lleve a cabo a plena luz y a vista de todos. Si hemos elegido a la UNESCO -recinto transparente- para dirigir el debate, ha sido también para acabar con la práctica de transacciones secretas que escapan al control de los ciudadanos (e incluso de los gobiernos). Así como era vital que el debate sobre la diversidad cultural volviera al seno de la UNESCO, sería perjudicial abandonarlo ahí. Es necesario que trascienda sus muros para que la sociedad civil se sienta involucrada en el proceso, dé a conocer sus observaciones y recomendaciones y alimente y estimule las negociaciones. Ya existe sobre el tema una sólida tradición de concertación entre las autoridades públicas y los actores y operadores sociales y profesionales, que se reforzó con la creación en varios países (Argentina, Australia, Canadá, Corea, Francia, México, Nueva Zelanda, Senegal, etc.) de comités de vigilancia y coaliciones a favor de la diversidad cultural. Los encuentros internacionales de organizaciones profesionales de la cultura que se celebraron en París en febrero de 2003 son un excelente ejemplo de esta iniciativa.

El éxito de la iniciativa lanzada en la UNESCO dependerá, desde luego, de la forma en que lleve a cabo el debate, y también, habida cuenta de las repercusiones públicas del tema en cuestión, de la movilización de opiniones. A los que consideran que el esfuerzo diplomático y jurídico iniciado es insuficiente frente a la fuerza de los intereses económicos en juego y de los antagonismos ideológicos que subsisten bajo el consenso, les diré que el hecho de librar esta batalla y de buscar los medios para ganarla no excluye lo que podrá emprenderse sobre otros ámbitos. Sin embargo, tiendo a pensar que la decisión tomada en la UNESCO crea una situación inédita y va a contribuir a mover las líneas, modificar el equilibrio de poder y darle credibilidad al proyecto. Sobre esa dinámica -propicia a intensificar el debate y ampliarlo a otros participantes- debe reposar el esfuerzo principal. Todos los partidarios de la diversidad cultural deben reflexionar sobre el método de organización más eficaz para aprovechar las oportunidades que ofrece esta iniciativa. Al estimular el debate público entre todas las partes interesadas, el Foro permanente sobre el pluralismo cultural puede contribuir al proceso de manera original y muy útil.

(texto traducido del francés por Erika Mongrut)

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